Hola a todos, este sábado 25/7 hay agua en casa.... a las 17.15 hs.
saludos
Lula
24.7.09
3.7.09
AGUA PUERCA
hola a todos, el sábado 4/7 no hay agua, y no es por sumarnos a la movida de la cancelación de eventos, sino que se complicó..... así que practiquen sus pinceladas locas, locas, locas que el sábado que viene nos vemos en Agua porcina...........se me ocuerre que podríamos pintar unos barbijos con frases de amor y paz y regalarlos en la calle... bueno, lo vemos.....
saludos.
Lula
saludos.
Lula
21.6.09
AGUA CAMALEONICA
18.6.09
EL SABADO 17.15 HS EN KSA
Hola, decidimos con Ladran que cuando se arme bailongo, musica, fiesta, muestras, etc. nos reunimos ahi, que es un espacio de arte que tiene las puertas abiertas para Agua, que nos vio nacer y crecer... pero cuando somos pocos, y no sabemos si somos verdaderamente (o sea "no cae nadie") es mejor que sea en casa.
Por eso este sábado en mi casa 17.15 hs, (hasta las 19.00 hs) cualquier cosa llamen y recuerden llevar materiales.
Beso
Lula
En sus conferencias de introducción al psicoanálisis de 1916, Freud ponía de relieve algunos rasgos comunes a todos los sueños. “En el sueño se vivencian muchas cosas y se cree vivenciarlas, cuando en realidad nada se vivencia, salvo quizás, el estímulo que perturba al soñante. Se vivencia predominantemente en imágenes visuales; ahí pueden entreverarse también sentimientos, e incluso pensamientos;(…) Pero fundamentalmente se trata de imágenes”... “parte de la dificultad con que tropezamos proviene de la necesidad de traducir esas imágenes en palabras. <>...”
Por eso este sábado en mi casa 17.15 hs, (hasta las 19.00 hs) cualquier cosa llamen y recuerden llevar materiales.
Beso
Lula
En sus conferencias de introducción al psicoanálisis de 1916, Freud ponía de relieve algunos rasgos comunes a todos los sueños. “En el sueño se vivencian muchas cosas y se cree vivenciarlas, cuando en realidad nada se vivencia, salvo quizás, el estímulo que perturba al soñante. Se vivencia predominantemente en imágenes visuales; ahí pueden entreverarse también sentimientos, e incluso pensamientos;(…) Pero fundamentalmente se trata de imágenes”... “parte de la dificultad con que tropezamos proviene de la necesidad de traducir esas imágenes en palabras. <>...”
5.6.09
28.5.09
LE PEGO MELANCO
18.5.09
ENCUENTRO Y CHOUUUUU
La piedra inaugural, parece...
Siempre primera... siemmmpre la que pregunta cuando no entendió mientras el resto se queda callado, siemmmpre la que dice algo completamente inoportuno cuando de repente todo se queda es silencio... esa soy yo.
Dando el puntapié inicial a la parte escrita de este blog que tan bellamente ha sido diseñado, voy a subir este texto que es el primero que me animé no solo a mostrar a mi gente, sino a gente extraña a través de mi propio blog.
Espero que lo disfruten y se diviertan...
Taio.
"Me gusta ser mujer"
Quien haya dicho que la belleza cuesta, tiene mi más absoluta y retorcida admiración.
No hay mujer, por “poco femenina” que sea, que no padezca la belleza… no hablo de la belleza que una tiene innata (alguien dijo alguna vez que no hay mujeres feas, sólo belleza rara), sino de la que hay que mantener o alimentar (o crear, en casos menos afortunados). Muchas veces me pregunté si cuando “Nacha” Guevara dijo su tan célebre frase “Me gusta ser mujer” estaría en pleno uso de sus facultades mentales (de ser así, cuestionaría dichas facultades), o si tal vez estaría siendo presa de alguna sustancia alucinógena de consumo prohibido (en ese caso, quiero el teléfono de su proveedor).
A ver, empiezo por el principio (¿por dónde sino?)
Asumo que la mayoría de las mujeres han tenido alguna vez -al menos una - “cita” con un señor que les importaba con ganas. Prepararse para el “gran encuentro gran”… no hay hombre sobre la Tierra que sepa de verdad lo que eso implica para una mujer… los cosquilleos estomacales son solo el inicio de una serie de sensaciones físico/digestivas de las muchas que se sucederán ese día (el de la cita, digo). Esta suerte de maratón embellecedor da campana de largada con la depilación: es el primer paso, para que llegada la hora del encuentro hayan desaparecido las marcas coloradas en la piel, claro. Se procede a poner a “Baño de-la-nunca-bien-ponderada María” una latita que en otra vida mas feliz portaba arvejas o tomates, y ahora contiene cera. La cera puede ser de color verde (vegetal) rosa (de rosa mosqueta) amarilla (de miel) negra (de vaya una a saber qué), pero todas tienen un punto en común: dolor. Le doy la razón a los hombres que dicen que las mujeres estamos todas locas… Si no es con locura, ¿de qué otra manera se puede explicar que nos untemos en cejas, bigotes, axilas, cavado, cola y piernas un potaje caliente y pringoso, de dudoso buen olor y sospechoso aspecto, esperemos pacientemente unos minutos mientras quema hasta el espíritu, y después arranquemos (en sentido contrario al crecimiento del vello) todos los pelos de raíz, sin clemencia ni remordimiento? Y encima siempre queda uno subversivo que hay que sacar con la “pincita”… otro artefacto de tortura digno de la Inquisición. Luego de ese cavernícola proceso, cualquiera estaría más que satisfecho… cualquiera que no tenga ovarios, por supuesto. Encremadas hasta las córneas para desinflamar la piel, el siguiente foco de tortura se centraliza en las uñas. A la vez que se remojan los pies en agua tibia para ablandar durezas, con el pulgar de la mano derecha sacamos el esmalte añejo de la mano izquierda y viceversa; se cortan, liman y emparejan uñas, se raspan pieles muertas, callos, “ojos de gallo” y durezas, se cortan cutículas y… y ya me dio impresión semejante carnicería. Mientras tanto, no olvidarse del gran protagonista: con ustedes, Su Majestad El Cabello. Munidas de incandescentes planchas y tijeras bucleadoras, se procede a cambiar el estado natural del pelo, siempre deseando lo que natura no proveyó (y que si hubiera proveído generosamente querríamos tener lo opuesto). Baños de crema, ceras capilares, aceites anti-frizz, cremas para peinar, ampollas con elixires mágicos componen el séquito real… y así y todo una simple y llana llovizna o un modesto porcentaje de humedad son capaces de tirar horas y horas de dedicada labor al tacho, así que como no hay garantías de nada, todo el trabajo se hace confiando en que el Todopoderoso de turno estará de nuestro lado.
La invención de las cremas es a la mujer, lo que el invento de la rueda es a la humanidad toda. Mediante infinitos potes de formas y colores accedemos al mundo de las cremas anti-todo: anti-edad, anti-arrugas, anti-celulitis, anti-estrías, anti-flaccidez, anti-pesadezenlaspiernas, anti-adiposidades, anti-estrés, anti… por borrar (o al menos intentarlo) una marca natural de la cara o el cuerpo, como por ejemplo, una patita de gallo, las mujeres somos capaces de embadurnarnos la cara con cosas tan repulsivas como la baba de caracol (no puedo quitarme de la mente la imagen de un caracol escupiendo), el cartílago de una ballena, la próstata de un quirquincho… todo sea por ponerse una tanga y que lo mas notorio sea el contenido, y no las estrías (que dicho sea de paso: ¿a quién le importan?). Cuando la absorción de todas las cremas utilizadas finalmente se produjo (jamás intenten meterse en la ropa con la crema recién puesta, no solo es incómodo: es imposible), la elección del vestuario juega un rol fundamental. Encontrar un corpiño que sea lindo, cómodo, sexy, con arco, con push-up, con relleno, con breteles transparentes, que no pique, que se prenda/desprenda fácil, que haga juego con la tanga y con el resto de la ropa no es algo que una pueda tomarse a la ligera. Debería haber una cátedra universitaria al respecto, o al menos una materia en el secundario que le enseñe a una cómo se logra dar con semejante prenda. Pero no. Nos enseñan cosas tan encantadoras como la germinación del poroto… pero de ninguna manera tiene relación con las gomas. Puede haber cierta conexión entre hacer crecer algo… pero ese sería otro tema. Previa prueba de placard completo (al grito de "No tengo nada para ponermeee!!!") y todas las posibles (e imposibles) combinaciones, se hace la elección del atuendo más favorable para tan especial ocasión, y una creería que ya está, que lo peor ya pasó… y abrimos el porta cosméticos frente al espejo del baño. Dios. Ese momento tan mágico en que una se siente… en una especie de trinchera cosmetológica. La piel debe estar limpia y seca (limpia en cuanto a limpieza de cutis, es decir exfoliaciones, astringentes, tónicos y demás aberraciones, no limpia con agua y jabón: sería demasiado simple), y el primer paso es el corrector. Los hay en verde, rosa y amarillo, para los distintos colores de marcas y/o manchas. Luego el corrector de ojeras (si, ese va aparte). Todo eso se tapa con una base que, (no podía ser de otra manera) tiene toda una cuestión alrededor: primero que nada, debe ser lo mas parecida posible al color de la piel. Libre de aceite, si tenés la piel grasa. Humectante si tenés la piel seca. Cualquiera si tenés la piel normal. Efecto lifting milagroso, si tenés la piel de Moria o Mirtha. Básicamente todas cumplen la misma función, que es unificar (tapar) no solo la piel, sino también todo el engrudo que se puso previamente. Acto seguido se cubre el rostro con polvo compacto o volátil, se sombrean los párpados con una sombra oscura (para marcar la profundidad), una clara del mismo tono (para unificar y dar luminosidad), el delineador (para intensificar la mirada), la máscara de pestañas (para lo mismo), delineador blanco dentro del ojo (para agrandarlo), delineador de labios (para definirlos), labial (para darles color), brillo (para darles… brillo), rubor (para dar marco al rostro), unas gotas de perfume… y uno pensaría que una persona que se pone todo eso, cuando asome a la calle será reclutada por la primer murga barrial que la viera, pero no… porque toda esta suerte de artilugios pictóricos, se hacen con la total intención de que el maquillaje sea natural. Ya al borde de suicidarse ahorcándose con la correa de la cartera, una se sube a la silla, de ahí a la mesa, y de ahí a las botas/sandalias/zapatos/etc. de taco, que depende de la moda es más o menos martirizador: plataformas, taco chino, chatitas, taco aguja, taco oblea, stilettos, taco chupete… sinfín de formas para un mismo dolor en los gemelos que ni un futbolista en su época de entrenamiento mas arduo debe soportar.
Finalmente… se acerca la hora.
Se hacen infinitas comprobaciones frente al espejo: gomas paradas, buena postura, ningún pelo rebelde ni granos sorpresivos a la vista, el cabello que sería la envidia del Rey León, el maquillaje perfecto, ropa impecable… y llega EL. Con la mejor cara de “me-tomó-diez-minutos-prepararme-para-salir-con-vos” nos aparecemos en su presencia, y con mucha suerte se obtiene un comentario aprobatorio del tipo “¡qué linda estás!”, lo que hace que tanto esfuerzo haya valido la pena… ¿o no? Digo yo: ¿de verdad hace falta TANTO esfuerzo para agradarle a alguien? ¿O todo el martirio es para tapar las propias inseguridades? ¿Alguien conoce algún caso en el que un hombre haya dicho “qué lindo tenés el cutis hoy, princesa! ¡A que te tonificaste con agua de camomila!”…?
En lugar de “Me gusta ser mujer”, yo preferiría decir algo como “me gusta ser quien soy, y me gusta que te guste mi ser y mi manera de ser”. La cola y gomas se caen, a todos se nos aflojan las cachas, a todos se nos ablanda el músculo que está debajo de los bíceps, la celulitis siempre tiene ventaja, las estrías no se borran con nada ni se previenen con nada, el pelo con el tiempo pierde suavidad y se encanece, la cara se arruga, todo la juventud empieza a irse por los caños desde el mismísimo momento de nacer. La vida es cruel en ese sentido, nos deja probar el sabor de la juventud e instantánea e inevitablemente, comienza a llevársela. Mi pregunta es: ¿¿¿y??? ¿Vale la pena cultivar tanto la apariencia externa? ¿Vale la pena poner tanto empeño en parecerse a los modelos de las revistas? El día que mi persona deje de pulular por este mundo, quisiera que me recuerden por qué fui, quién fui, qué di de bueno (o de malo, al menos para servir de mal ejemplo)…
La próxima vez que te prepares para un encuentro con un príncipe que sea azul y no destiña, depilate los prejuicios, encremate los rencores, maquillate los odios, ponele un push-up al optimismo, limpiale el cutis a los tabúes arrastrados sin saber por qué desde tiempos inmemoriales, hacele bucles a la diversión y al sentido del ridículo, llená de rimel la humildad, delineate la inteligencia… Que no tus sueños no necesiten crema anti-flaccidez, que tu niño/ña interior no envejezca, que no se llene de adiposidades tu cultura, que no se estríe tu sonrisa, que tu verdadero "yo" no se arrugue, que tus ideales no se llenen de canas, que no se tape de perfume tu esencia, no maquilles tu sonrisa, no te subas a los tacos de la soberbia…Que tu próxima frase sea “Me gusta ser… yo”.
Dando el puntapié inicial a la parte escrita de este blog que tan bellamente ha sido diseñado, voy a subir este texto que es el primero que me animé no solo a mostrar a mi gente, sino a gente extraña a través de mi propio blog.
Espero que lo disfruten y se diviertan...
Taio.
"Me gusta ser mujer"
Quien haya dicho que la belleza cuesta, tiene mi más absoluta y retorcida admiración.
No hay mujer, por “poco femenina” que sea, que no padezca la belleza… no hablo de la belleza que una tiene innata (alguien dijo alguna vez que no hay mujeres feas, sólo belleza rara), sino de la que hay que mantener o alimentar (o crear, en casos menos afortunados). Muchas veces me pregunté si cuando “Nacha” Guevara dijo su tan célebre frase “Me gusta ser mujer” estaría en pleno uso de sus facultades mentales (de ser así, cuestionaría dichas facultades), o si tal vez estaría siendo presa de alguna sustancia alucinógena de consumo prohibido (en ese caso, quiero el teléfono de su proveedor).
A ver, empiezo por el principio (¿por dónde sino?)
Asumo que la mayoría de las mujeres han tenido alguna vez -al menos una - “cita” con un señor que les importaba con ganas. Prepararse para el “gran encuentro gran”… no hay hombre sobre la Tierra que sepa de verdad lo que eso implica para una mujer… los cosquilleos estomacales son solo el inicio de una serie de sensaciones físico/digestivas de las muchas que se sucederán ese día (el de la cita, digo). Esta suerte de maratón embellecedor da campana de largada con la depilación: es el primer paso, para que llegada la hora del encuentro hayan desaparecido las marcas coloradas en la piel, claro. Se procede a poner a “Baño de-la-nunca-bien-ponderada María” una latita que en otra vida mas feliz portaba arvejas o tomates, y ahora contiene cera. La cera puede ser de color verde (vegetal) rosa (de rosa mosqueta) amarilla (de miel) negra (de vaya una a saber qué), pero todas tienen un punto en común: dolor. Le doy la razón a los hombres que dicen que las mujeres estamos todas locas… Si no es con locura, ¿de qué otra manera se puede explicar que nos untemos en cejas, bigotes, axilas, cavado, cola y piernas un potaje caliente y pringoso, de dudoso buen olor y sospechoso aspecto, esperemos pacientemente unos minutos mientras quema hasta el espíritu, y después arranquemos (en sentido contrario al crecimiento del vello) todos los pelos de raíz, sin clemencia ni remordimiento? Y encima siempre queda uno subversivo que hay que sacar con la “pincita”… otro artefacto de tortura digno de la Inquisición. Luego de ese cavernícola proceso, cualquiera estaría más que satisfecho… cualquiera que no tenga ovarios, por supuesto. Encremadas hasta las córneas para desinflamar la piel, el siguiente foco de tortura se centraliza en las uñas. A la vez que se remojan los pies en agua tibia para ablandar durezas, con el pulgar de la mano derecha sacamos el esmalte añejo de la mano izquierda y viceversa; se cortan, liman y emparejan uñas, se raspan pieles muertas, callos, “ojos de gallo” y durezas, se cortan cutículas y… y ya me dio impresión semejante carnicería. Mientras tanto, no olvidarse del gran protagonista: con ustedes, Su Majestad El Cabello. Munidas de incandescentes planchas y tijeras bucleadoras, se procede a cambiar el estado natural del pelo, siempre deseando lo que natura no proveyó (y que si hubiera proveído generosamente querríamos tener lo opuesto). Baños de crema, ceras capilares, aceites anti-frizz, cremas para peinar, ampollas con elixires mágicos componen el séquito real… y así y todo una simple y llana llovizna o un modesto porcentaje de humedad son capaces de tirar horas y horas de dedicada labor al tacho, así que como no hay garantías de nada, todo el trabajo se hace confiando en que el Todopoderoso de turno estará de nuestro lado.
La invención de las cremas es a la mujer, lo que el invento de la rueda es a la humanidad toda. Mediante infinitos potes de formas y colores accedemos al mundo de las cremas anti-todo: anti-edad, anti-arrugas, anti-celulitis, anti-estrías, anti-flaccidez, anti-pesadezenlaspiernas, anti-adiposidades, anti-estrés, anti… por borrar (o al menos intentarlo) una marca natural de la cara o el cuerpo, como por ejemplo, una patita de gallo, las mujeres somos capaces de embadurnarnos la cara con cosas tan repulsivas como la baba de caracol (no puedo quitarme de la mente la imagen de un caracol escupiendo), el cartílago de una ballena, la próstata de un quirquincho… todo sea por ponerse una tanga y que lo mas notorio sea el contenido, y no las estrías (que dicho sea de paso: ¿a quién le importan?). Cuando la absorción de todas las cremas utilizadas finalmente se produjo (jamás intenten meterse en la ropa con la crema recién puesta, no solo es incómodo: es imposible), la elección del vestuario juega un rol fundamental. Encontrar un corpiño que sea lindo, cómodo, sexy, con arco, con push-up, con relleno, con breteles transparentes, que no pique, que se prenda/desprenda fácil, que haga juego con la tanga y con el resto de la ropa no es algo que una pueda tomarse a la ligera. Debería haber una cátedra universitaria al respecto, o al menos una materia en el secundario que le enseñe a una cómo se logra dar con semejante prenda. Pero no. Nos enseñan cosas tan encantadoras como la germinación del poroto… pero de ninguna manera tiene relación con las gomas. Puede haber cierta conexión entre hacer crecer algo… pero ese sería otro tema. Previa prueba de placard completo (al grito de "No tengo nada para ponermeee!!!") y todas las posibles (e imposibles) combinaciones, se hace la elección del atuendo más favorable para tan especial ocasión, y una creería que ya está, que lo peor ya pasó… y abrimos el porta cosméticos frente al espejo del baño. Dios. Ese momento tan mágico en que una se siente… en una especie de trinchera cosmetológica. La piel debe estar limpia y seca (limpia en cuanto a limpieza de cutis, es decir exfoliaciones, astringentes, tónicos y demás aberraciones, no limpia con agua y jabón: sería demasiado simple), y el primer paso es el corrector. Los hay en verde, rosa y amarillo, para los distintos colores de marcas y/o manchas. Luego el corrector de ojeras (si, ese va aparte). Todo eso se tapa con una base que, (no podía ser de otra manera) tiene toda una cuestión alrededor: primero que nada, debe ser lo mas parecida posible al color de la piel. Libre de aceite, si tenés la piel grasa. Humectante si tenés la piel seca. Cualquiera si tenés la piel normal. Efecto lifting milagroso, si tenés la piel de Moria o Mirtha. Básicamente todas cumplen la misma función, que es unificar (tapar) no solo la piel, sino también todo el engrudo que se puso previamente. Acto seguido se cubre el rostro con polvo compacto o volátil, se sombrean los párpados con una sombra oscura (para marcar la profundidad), una clara del mismo tono (para unificar y dar luminosidad), el delineador (para intensificar la mirada), la máscara de pestañas (para lo mismo), delineador blanco dentro del ojo (para agrandarlo), delineador de labios (para definirlos), labial (para darles color), brillo (para darles… brillo), rubor (para dar marco al rostro), unas gotas de perfume… y uno pensaría que una persona que se pone todo eso, cuando asome a la calle será reclutada por la primer murga barrial que la viera, pero no… porque toda esta suerte de artilugios pictóricos, se hacen con la total intención de que el maquillaje sea natural. Ya al borde de suicidarse ahorcándose con la correa de la cartera, una se sube a la silla, de ahí a la mesa, y de ahí a las botas/sandalias/zapatos/etc. de taco, que depende de la moda es más o menos martirizador: plataformas, taco chino, chatitas, taco aguja, taco oblea, stilettos, taco chupete… sinfín de formas para un mismo dolor en los gemelos que ni un futbolista en su época de entrenamiento mas arduo debe soportar.
Finalmente… se acerca la hora.
Se hacen infinitas comprobaciones frente al espejo: gomas paradas, buena postura, ningún pelo rebelde ni granos sorpresivos a la vista, el cabello que sería la envidia del Rey León, el maquillaje perfecto, ropa impecable… y llega EL. Con la mejor cara de “me-tomó-diez-minutos-prepararme-para-salir-con-vos” nos aparecemos en su presencia, y con mucha suerte se obtiene un comentario aprobatorio del tipo “¡qué linda estás!”, lo que hace que tanto esfuerzo haya valido la pena… ¿o no? Digo yo: ¿de verdad hace falta TANTO esfuerzo para agradarle a alguien? ¿O todo el martirio es para tapar las propias inseguridades? ¿Alguien conoce algún caso en el que un hombre haya dicho “qué lindo tenés el cutis hoy, princesa! ¡A que te tonificaste con agua de camomila!”…?
En lugar de “Me gusta ser mujer”, yo preferiría decir algo como “me gusta ser quien soy, y me gusta que te guste mi ser y mi manera de ser”. La cola y gomas se caen, a todos se nos aflojan las cachas, a todos se nos ablanda el músculo que está debajo de los bíceps, la celulitis siempre tiene ventaja, las estrías no se borran con nada ni se previenen con nada, el pelo con el tiempo pierde suavidad y se encanece, la cara se arruga, todo la juventud empieza a irse por los caños desde el mismísimo momento de nacer. La vida es cruel en ese sentido, nos deja probar el sabor de la juventud e instantánea e inevitablemente, comienza a llevársela. Mi pregunta es: ¿¿¿y??? ¿Vale la pena cultivar tanto la apariencia externa? ¿Vale la pena poner tanto empeño en parecerse a los modelos de las revistas? El día que mi persona deje de pulular por este mundo, quisiera que me recuerden por qué fui, quién fui, qué di de bueno (o de malo, al menos para servir de mal ejemplo)…
La próxima vez que te prepares para un encuentro con un príncipe que sea azul y no destiña, depilate los prejuicios, encremate los rencores, maquillate los odios, ponele un push-up al optimismo, limpiale el cutis a los tabúes arrastrados sin saber por qué desde tiempos inmemoriales, hacele bucles a la diversión y al sentido del ridículo, llená de rimel la humildad, delineate la inteligencia… Que no tus sueños no necesiten crema anti-flaccidez, que tu niño/ña interior no envejezca, que no se llene de adiposidades tu cultura, que no se estríe tu sonrisa, que tu verdadero "yo" no se arrugue, que tus ideales no se llenen de canas, que no se tape de perfume tu esencia, no maquilles tu sonrisa, no te subas a los tacos de la soberbia…Que tu próxima frase sea “Me gusta ser… yo”.
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